Días de Mariposa 15

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

            -Yo no estoy loco emm, Valentina -le dijo mirando la placa identificadora que tenía en su camisa, pasó toda la mañana con la mandíbula endurecida pero el comer los pétalos de la flor aparentemente le había ayudado a recobrar el habla -¿Cuánto tiempo más voy a estar encerrado acá?

            -¿Por qué tenés esa mariposa en ese frasco? Estamos en primavera, deberías dejarla ir.

            -¡No puedo! -dijo Juan abrazando al recipiente que contenía al insecto -¡Este es mi corazón y no puedo dejar que nada malo le pase!

            -Por conductas como esta es que no podés salir de acá. -le dejó la bandeja, se levantó y se dirigió hacia la puerta de la habitación-encerrándolo solo le hacés más daño, deberías dejar que vuele libre. Ahora me voy a ver a los otros pacientes.

            “Debería dejarla libre” ”encerrándola solo le hago más daño” pensaba Juan, estas palabras le quedaron resonando en su cabeza ya que un fuerte significado contenían, su corazón estaba encerrado y él tenía el poder para liberarlo, pero su miedo era tan fuerte que esta tarea le parecía imposible. También quedo pensando en la joven enfermera, porque para él si fuera otra la situación esta señorita sería una de sus habituales presas de la noche.

            Tras haber oscurecido, en vísperas del horario de la cena, juan esperaba que la joven enfermera le trajera la comida, le era muy agradable que una bella joven le atendiera aunque por su boca no fuera a pasar ningún bocado, raramente había adquirido ese último día una necesidad inmensa de ingerir flores con la cual suplantaba a la comida normal; también avisó a su madre para que le trajera rosas, cosa que la señora hizo aunque le había parecido extraño el pedido, era su niño pequeño, lo que le pidiera ella trataría de llevarle.

            -Hora de la cena -dijo la enfermera al entrar, que para la suerte de Juan, era la misma que había venido a la mañana -esta vez sin reproches te la vas a comer eh.

            -sos muy joven ¿Hace mucho que sos enfermera? -le preguntó Juan con una sonrisa, galán había sido toda su vida y si le tocara morir siendo galán moriría.

            -He, hoy es mi primer día.

            -Sos una chica muy linda, es una suerte para mí que me hayan internado justo cuando vos empezabas -le dijo Juan mirándole sus delicadas manos revolver la sopa -tal vez sea el destino el que quería que nos conozcamos.

            -Bueno gracias -dijo Valentina sonriendo -pero no me vas a convencer, vas a tener que comerte esta sopa.

            -No puedo, en verdad aunque quisiera. Es que estoy maldito, por eso es que como flores.

            -Sí es así es mejor que no pierda mi tiempo y me vaya a ver a los otros pacientes, a ver si también tienen historias como esa para no comer.

            La sonrisa de la joven se borró y se levantó molesta entonces Juan la tomó de la muñeca y al hacerlo sintió como una energía le recorría el cuerpo desde sus pies hasta sus cabellos, su corazón comenzó a latir con más fuerza haciéndole vibrar los labios y su ser comenzó a levantar temperatura.

            -Quedáte un rato más, por favor -le dijo mirándola con los ojos entristecidos.

            -Bueno, solo unos minutos -le respondió ella luego de mirarlo un rato también, Juan era un hombre que solía tener un efecto muy influyente sobre las mujeres.

            Así fue que hablaron unos momentos de cosas vanas y en el frasco, aunque fuera de noche, la mariposa revoloteaba con mucha energía chocándose en incontables ocasiones contra el vidrio, había recobrado su fuerza y volaba con alegría.

            -Bueno, ya me tengo que ir.

            -¿Volvés mañana a hablar conmigo? Prométemelo -le dijo él tomándole la mano.

            -Voy a tratar, ahora tratá de descansar y cuanto mejor te portés más rápido vas a salir de acá.

            La enfermera apagó la luz y cerró la puerta, Juan por un momento olvidó la maldición de la mariposa y logró dormirse con felicidad en su pecho.

…continuará.

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