Los niños del futuro 12

«Los niños del Futuro» es una historia que escribí en mi adolescencia y que años después la mejoré para que su lectura sea más agradable. El teatro de los sueños…

La voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

El lugar de juego

Los autos iban y venían, algunos estacionaban, otros solo dejaban a sus niños dentro de la escuela para después largarse del lugar a toda velocidad.

-¿Señor, le cuido el auto?- le dijo el gordo a un hombre de traje que, rápidamente tomándole la mano a una niña, se bajaba de su vehículo para dejar a la menor en el establecimiento educativo.

-Bueno, a la vuelta te doy algo.

Así fue que el hombre unos minutos después volvió, se subió a su auto, abrió un poco la ventanilla para darle unas moneditas al gordo; luego sin decir una palabra, cerró  la ventanilla y se marchó velozmente.

El pequeño fue y se sentó en un muro en donde también estaba el Cabezón con Carlitos y juntos observaban como los niños de guardapolvo blanco ingresaban a la escuela.

-¿Será lindo?- dijo el Cabezón.

-¿Lindo qué?- le preguntó el Gordo.

-Si será lindo ir a la escuela, usar esas ropas blancas y llevar mochilas llenas de cuadernos y libros con dibujitos.

-Na, tenés que ser cheto para ir a la escuela y tenés que ser medio maricón- le respondió el Gordo.

-No sé, a mí me gustaría- concluyó el Cabezón y finalmente dijo riendo- antes que estar acá cuidando autos.

En ese momento llegaron la Pulga y el Rata quienes se sentaron junto a ellos.

Durante el transcurso de aquel día vieron que una joven maestra venía caminando y entraba sola a la institución educativa.

-Viste Pulga- le dijo el Rata al oído- esa chica siempre viene y se va sola, yo sé porque mi hermano la estaba espiando. Cuando ella salga vos la seguís y cuando nadie te vea, le apuntas con el arma para que te dé la cartera.

Un plan aparentemente premeditado para un chico tan pequeño, pero en realidad esto era lo que tenía planeado hacer su hermano, y al escucharlo una vez que el muchacho hablaba con sus amigos esta idea se le había quedado grabada en la cabeza; ahora el repetía aquellas palabras con gran naturalidad, como si se tratara de un evento de mucha simpleza.

Las agujas del reloj continuaron su andar, así fue que ya era de tarde y a excepción de la Pulga y Carlitos que seguían sentados en el muro esperando, los otros pequeños se habían marchado a sus hogares. La Pulga estaba muy nervioso, con la mochila entre sus piernas a cada rato se rascaba la cabeza muy fuertemente. Carlitos se dio cuenta que algo raro le estaba pasando y por eso fue que decidió quedarse un rato más para poder hablar con él.

-¿Pulga estás bien?- le pregunto Carlitos.

-Sí, sí, no pasa nada, solo que tengo que hacer algo, nada más.

-Tal vez no tendrías que hacer lo que estás por hacer- le dijo Carlitos al prever que no era algo bueno.

-No te hagas problema, no pasa nada- le dijo la Pulga mostrándole una pequeña sonrisa nerviosa.

-Bueno ¿Sabés qué? Cuando termines de hacer lo que estás por hacer nos encontramos en el escondite secreto ¿Está bien?

-Nos encontramos ahí- le respondió la Pulga, un poco aliviado por la propuesta de su amigo.

Entonces Carlitos, tras hacer un saludo de manos, se fue del lugar dejando a la Pulga solo y este quedó esperando el momento para cometer su golpe, un golpe que era de aquellos golpes que una vez que se dan, dejan una marca que ya no se puede borrar.

Continuará…

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