Días de Mariposa 10

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

Día Tres

Unas dulces manos de color verde producían hojas para alimentar a una pequeña oruga, las hojas más suculentas le eran reservadas y cuando el insecto terminaba de ingerirlas estas dulces manos nuevamente le proporcionaba las mejores hojas.

            -Toma mi pequeña, disfrútalas mi bebé, que tu destino será muy recordado en tu reino -le decía esa agradable voz y calmaba cualquier tipo de ansiedad que se le presentara, estaba en realidad muy mimada y cuando se saciaba era recostada y adormecida con el aliento mágico de quien la protegía.

            Su apetito feroz la hizo engordar tanto hasta un punto en el que su cuerpo le pedía aislarse y transformarse, así lo hizo y tras colgarse del brazo de su protectora se hizo crisálida y con el cuidado y los dulces cantos de esta completó su metamorfosis hasta convertirse en una preciosa mariposa; pero en vez de volar libremente, su protectora decidió aferrarla a sí misma y de repente se transformó en un hermoso vestido; a partir de ese momento no supo más nada de sí misma hasta que despertó escapando del pecho de Juan una mañana en el bosque.

En estos momentos Juan yace encerrado en un profundo sueño y esas imágenes de la oruga ocupaban su cabeza, los recuerdos de la corta vida de la mariposa estaban en él, pero su extraño trance no terminaba con esto.

-Juan, Juan, vamos, vamos.

Una pequeña y suave mano tomaba sus confundidos dedos y lo llevaba corriendo en dirección al sol, el cual impedía ver quien era la que lo arrastraba ante su indecisión de moverse, pero por más que no podía identificar a aquella persona su dulce voz bastaba para que su corazón latiera con fuerza.

-Vamos Juan, a la colina, lejos donde nadie nos vea.

Era un momento tan feliz, tan lleno de un sentimiento que le era tan difícil de identificar, ese recorrido hacia la colina que ensuciaba sus pequeños zapatos, en un día donde el cielo era más que celeste y la brisa los abrazaba cuidándolos, alejándolos de todo para ayudarles a llegar a la cima; le hacía sentir que solo existía la paz en el mundo. Y aquella niña a la cual no podía ver el rostro a causa del inmenso sol lo invitaba a acercarse y a fundirse con ella en un abrazo.

-Juan, dame un beso.

Sus labios se juntaron y sus cuerpos se despegaron del suelo, de la espalda de ella surgieron alas que los sostenían en el aire y con revoloteos de mariposa hacía que cada vez estén más alto en el cielo hasta donde el celeste del aire se volvía azul oscuro y se podían apreciar las estrellas. Pero esto ya no era algo bueno, la brisa cálida ya no los cuidaba y los brazos de ella ya no lo sostenían con la misma fuerza haciéndole sentir el frio de lo que está sobre lo que un simple mortal puede ver desde la tierra.

-Este es el fin, ya no puedo sostenerte más. -dijo ella y de repente lo soltó, dejándole caer indefenso.

-¡No, por favor! –dijo él, pero ya era tarde, su estrepitosa caída era inevitable, era tan veloz su descender que el sonido del viento se convirtió en un murmullo infernal y ya no podía divisar a aquella joven mariposa.

            Antes de llegar al suelo simplemente cerró los ojos para esperar su fin y con el impacto sintió como su cuerpo se hundió tres metros bajo tierra; entonces comenzó a escuchar un triste llorar que le obligó a abrir los ojos y desde el fondo del pozo pudo ver a su madre vestida de negro quebrada en lágrimas, luego el lugar se volvió blanco y una cálida luz alumbró su rostro.

…continuará

Días de Mariposa 9

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:


Juan, llegó muy nervioso a su casa ignorando la venganza de Karina, corrió hacia el patio de atrás y tomó la llave escondida en la plantera, mientras en la casa de un vecino se podía ver como una anciana llamaba a su pareja a que viera el divertido espectáculo del popular joven.

Una vez dentro de su hogar, Juan se calmó, y tras unos minutos de estar sentado en la cama de su pieza, se levantó y se puso su mejor vestimenta, aún era temprano, no se iba a rendir por nada y todavía tenía cartas bajo la manga.

 Juan apostaría a lo que mejor resultado le daba, el cara a cara en el boliche, pero necesitaba a sus amigos ya que estos eran su cábala, ellos nunca le fallarían.

Tanto José como Martín no contestaron sus teléfonos, solo quedaba Leandro.

-¿Cómo andas Leandro todo bien?

-Ah, hola Juan ¿Cómo andás? -respondió tímidamente Leandro.

-¿Y qué hacemos esta noche? ¿Salimos?

-Eh no, hoy no va a poder ser, es que quedé en hacer algo con Romina.

-¿Romina? No sabía que tenías una hermana que se llama Romina.

-No, no es mi hermana -respondió Leandro riendo -es la chica que conocí anoche en el baile de la primavera, tal vez la próxima.

-A bueno, chau, suerte con tu chica eh. – “tal vez la próxima ¡Maldita sea quien los necesita! Me voy solo” pensó Juan.

Se dejó llevar por el encanto de las luces nocturnas, a tres cuadras del boliche estacionó su dañado carro para que no supieran que era suyo y se dirigió caminado hacia la entrada del club bailable.

-¿Hola Javier cómo estás? -saludó desde lejos Juan levantando la mano.

Javier que era uno de los patovicas de la puerta siempre lo saludaba de manera alegre ya que él era cliente frecuente, pero esta vez solo lo miró unos segundos para después voltear la vista hacia el tumulto de gente dispuesta a entrar a divertirse.

 Este era su fuerte, su arena, aquí él se sentía el local; pidió un trago al cantinero y posándose por la barra observó a los cuerpos danzar, esperando encontrar a aquella que pudiera romper su maldición. Pasando unos minutos divisó a una señorita que bailaba junto a sus amigas, a esta trataría de seducir. Tomó un último trago y se dirigió a ello pero a cada paso que daba todo lo que le rodeaba se volvía borroso y su cabeza se volvía una tormenta de dolores, aun así luchó contra su estado para acercarse a aquella muchacha, entre los cuerpos de sombras que lo chocaban en su lento ir la bella mujer parecía una estrella a miles de kilómetros de él, una bella mariposa nocturna que volaba alejándose de la vista de Juan, luego ya no pudo más y cayó desmayado ante quienes estaban en la pista de baile. Ya no eran sus días de algarabía y victoria, y tal vez esos días ya no volverían.

…continuará


Días de Mariposa 8

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

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Día Dos

Ya en el taxi comenzaron a besarse apasionadamente, situación que, de a ratos, distraía a los ojos tristes de quien manejaba; era un hombre de unos  50 años, añejado más de lo que parecía a causa de, tal vez, una vida no muy afortunada.

-Quédese con el cambio- le dijo Juan dándole unos billetes abollados al conductor del taxi mientras bajaban del vehículo.

 Los besos frenéticos continuaban mientras ella peleaba con el cierre de su cartera buscando la llave de su casa. Una vez dentro, las caricias se hicieron más intimas produciéndole una gran excitación a Juan como si fuera un joven adolescente iniciándose en la pubertad, esto casi le hace perder el control de sí mismo antes de siquiera empezar, a pesar de su experiencia en esta materia. Ella lo empujó en el sillón sacándole la ropa y desvistiéndose completamente también, luego la joven paró de besarlo por un momento,  cosa que Juan sin decírselo se lo agradeció, ya que no podía controlarse más.

-Ya regreso- le dijo ella y se dirigió a su cuarto.

Varios minutos pasaron y Karina no regresaba; Juan se levantó del sillón y sin vestirse abrió la puerta de la habitación encontrándose con una situación que no era agradable a su virilidad, la muchacha estaba sentada en su cama tapándose el rostro, llorando desconsoladamente.

-¿Qué te pasa Karina?

-Es que, perdóname juan, pero no puedo seguir haciendo esto, no puedo hacerle esto a él.

-¡¿Qué?!¡¿A quién?!

-A mi novio, es que eras una cuenta pendiente para mí, no podía casarme con él aun sin tener otra oportunidad con vos, estoy comprometida.

  “Toc-toc”. Alguien tocaba la puerta.

-¡Kari, amor mio, abrime! ¡¿Por qué no me contestas el celular?!- se escuchó una voz tras la entrada de la casa.

-¡No! ¡Es Ricardo! Se supone que no estaba en la cuidad.- dijo ella tornando su rostro en preocupación-¡Tenés que irte ya de acá!

-Uh, bueno, no quiero que te metas en líos, pásame mi ropa- le dijo Juan con el corazón a mil.

Se empezó a escuchar como Ricardo buscaba la llave y se proponía a ponerla en la cerradura.

-¡No hay tiempo, salí por la ventana así como estás!- le dijo ella y, casi empujándolo, lo sacó por la ventana.

Juan, un poco aturdido, se escondió desnudo tras unos arbustos y se detuvo a escuchar que era lo que iba a suceder.

-¡¿Qué hiciste Karina?!¡¿Qué es toda esta ropa tirada acá?!- retumbó la gruesa voz de Ricardo, aparentemente no era un sujeto muy pequeño en estatura y musculatura-¡¿Dónde está que lo mato?!

-¡No, para Ricardo, calmáte!- le decía la muchacha con la voz llorosa.

-¡Tu ventana esta abierta! ¡¿Salió por ahí no?!

-¡No Ricardo, calmáte! ¡¿Qué vas a hacer con esa arma?!- gritó la joven desesperada.

Al oír esto, todo el cuerpo de Juan tembló, y tras pensar que su vida duraría mucho menos de lo que la maldición se lo permitía corrió como nunca lo hizo en su vida; corrió sin detenerse y sin siquiera tener una pulsera puesta en su muñeca, desnudo por las calles de la ciudad sin detenerse hasta su casa, ante la mirada de las personas que aprovechaban la noche para divertirse, y ante un que otro trabajador nocturno.

 Mientras Juan corría desesperadamente por las calles, Karina Y Ricardo lo miraban desde la ventana sin parar de reírse, hasta el punto de lagrimear.

-Gracias Riki por ayudarme en esta.

-No, no te hagas problemas- apenas le respondió él entre carcajadas- aunque no puedo negar que está muy hermoso el famoso Juan, bueno, ese mal parido se merecía una lección como esta, para que estamos los amigos.

…continuará

Días de Mariposa 7

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

-Hola Karina, soy Juan.

-Ah, hola Juan, huy, esperame un ratito -se escucharon unos ruidos a través del tubo, aparentemente ella cargaba con algo que dejó caer con la sorpresiva llamada-  disculpame la tardanza Juan, es que no esperaba tu llamado.

-Soy yo el que debería pedirte disculpas por haber desaparecido como lo hice- respondió él, tratando de hacerle creer que lo ocurrido le importaba- ¿Qué haces hoy? Podríamos vernos si querés.

-No sé, no estoy segura- respondió ella confundida.

-Dale, es un día especial para vernos. Además te debo una disculpa por haberte dejado ir así aquella noche.

-Mmm si, tenés razón- le contestó ella demostrando su enojo al recordar lo que había pasado; en esa ocasión era una jornada lluviosa y tras haber pasado una noche inolvidable para ella, en la mañana simplemente él llamó a un taxi y la embarcó indiferente con la promesa de que la llamaría, cosa que nunca sucedió y que la joven esperó con ilusión-. ¿Te parece bien a las 10:00hs en el Pub del centro?

 -Bueno, ahí estaré, besos.

-Mmm si, adiós- le respondió ella con un tono de desagrado, que él ni siquiera notó.

Luego de esto, Juan continuó con sus llamados sin éxito hasta que se cumplió la hora de encontrarse con Karina, a la cual no hubiera tenido problemas en dejarla esperando si hubiese tenido mejor suerte con los números telefónicos.

Se tomó su tiempo, se vistió de manera ocasional y llegó al pub mucho más tarde de lo acordado. Ella lo esperaba afuera, y se sorprendió mucho al verlo venir caminando.

-¿Qué, no tenías auto? ¿Tuviste que venderlo para pagar alguna deuda?

  -Tuvo un desperfecto y no me quedo otra que venir en taxi- le respondió él, aunque su vehículo andaba esta vez prefirió no usarlo por su mal aspecto tras el choque.

-Bueno, no quiero estar en este pub, vamos- le dijo ella y lo llevó de la mano uno de los restaurantes mas caros de la ciudad- aquí vamos a estar más cómodos.

La muchacha se había vestido muy elegante para la ocasión a diferencia de él que lo había hecho sin mucho interés y las miradas sobradoras de las personas que se encontraban cenando en el lugar se lo hicieron notar. Tras sentarse, ella llamó a uno de los mozos y pidió una de las comidas más caras junto con una bebida de un alto precio también.

-Mirá Juan, ya van a ser las 12:00hs. Sabés que, pagá y mejor nos vamos.

Juan se sentía desconcertado y controlado como si fuera un niño, pagó la costosa comida que ni siquiera pudo probar y se retiraron del lugar; tal vez la situación extrema en la que se encontraba no lo dejaba reaccionar y solo seguía el juego que le proponía Karina sin poner muchas excusas, ahora se dirigían hacia la casa de la joven, el día ya se terminaba. �

Días de Mariposa 6

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

Primer llamado, Carolina:

-¿Hola Carolina?

-No, habla la hermana.

-¿Me podés pasar con ella?

-Bueno, esperá que ya le llamo -los minutos pasaban cual si fueran veloces delfines para el impaciente Juan, mientras el jugaba velozmente enredando sus dedos con el cable del teléfono, su corazón latía ferozmente a causa del café, se escuchaban algunos ladridos, la televisión, algunos pasos, luego de cinco minutos el sonido del teléfono -no ella no está ¿Querés que le diga algo?

-¡Sí, que se vaya al infierno! -contestó furioso colgando con fuerza el teléfono. Esta vez más que nunca le molestaba perder el tiempo.

Trigésimo tercer llamado, Alejandra:

-¿Hola Alejandra?

-¿Si?

-Mirá, soy Juan, yo sé que ha pasado varios meses desde la última vez que nos vimos, pero la verdad es que nunca pude sacarte de mi mente.

De repente se empezó a escuchar un forcejeo del otro lado del tubo.

-¡Dame acá!

-¡No! ¡No!

-¡Escuchame pedazo de imbécil! ¡No la llames más a mi mujer! ¡Si descubro quien sos te mato! ¡¿Escuchaste?!

Juan simplemente cortó, ni siquiera sabía que estaba casada.

Llamado ciento treinta y siete,…

-Hola ¿Cómo estás? -no sabía su nombre, solo la tenía anotada entre sus números -mirá, yo sé que ha pasado varios meses desde la última vez que nos vimos, pero la verdad es que nunca pude sacarte de mi mente -dijo el siempre original galán.

-¿Sí? -solo respondió la mujer.

-Y la verdad es que tengo muchas ganas de volver a verte -hubo un gran silencio, ya iban varios llamados entre fracasos y teléfonos sin línea    -¡Por favor! -agregó un lloroso Juan.

-¿Sos Juan no? ¡Yo la verdad es que no tengo ganas de verte, nunca más me llames! ¡Chau!

Porqué seguir intentando en una búsqueda que no daba resultados, cuando él sabía que podía contar con una posibilidad de romper aquella maldición que le enturbiaba la mente; esa chance se encontraba tras una simple llamada, pero Juan persistía con su plan y evitaba a aquel número telefónico, el número de una mujer perdidamente enamorada de él.

Entre llamados, al ojear su agenda, varias veces se detenía en un número asociado al nombre Karina, por más que lo pensaba su orgullo y vanidad eran más fuertes y no quería comunicarse con ella, pero el pasar de las horas contando fracasos lo llenó de dudas y miedos, finalmente se decidió y la llamó.

Continuará…

Días de Mariposa 5

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

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Día Uno

Era de mañana ya. Sus ojos se abrieron lentamente para ver de manera borrosa el árbol al cuál había chocado; tras frotarse los ojos probó la marcha atrás, para su suerte, el auto aún funcionaba. Se alejó unos metros del robusto tronco y se detuvo un momento.

            “Qué locura” pensó atontado y tras sentir un ardor miró su camisa desabrochada conteniendo la respiración aterrado, una especie de tatuaje en forma de mariposa se desprendía de su pecho para luego salir volando por la ventana. Fue entonces cuando recordó aquéllas palabras: “Vivirá sólo 10 días, y si no lo cuidas, morirás antes”.

            Presuroso bajó del auto y comenzó a perseguir al insecto adentrándose en el bosque. En varias ocasiones, la mariposa se escabulló en burlonas maniobras, sin que pudiese tomarla. Mantuvo una larga persecución en la que se vio obligado a cruzar un frio arroyo y caer varias veces en el barro.  Hasta que, para la mala suerte del desesperado joven, ésta se encontró de repente prisionera en una telaraña.

Como en un duelo se vio obligado a correr junto con la araña por el premio, Juan tomó una rama y atinó al arácnido haciendo que la telaraña se rompiera y cayera la mariposa atrapada en la red al suelo. Al tomarla la apretó sin querer y sintió un fuerte dolor en el pecho, era su corazón, tenía que ser muy delicado con el insecto. Se volvió sobre sus pasos con la mariposa encerrada entre sus manos, la puso en una caja que tenía en el auto y arrancó. Trató de encontrar de nuevo el camino que conducía a la mansión en donde se hizo la fiesta pero parecía haber desaparecido; en un momento creyó ver una gran roca que, según él, era la misma que vio en el camino la noche anterior. Bajándose del auto corrió entre los arboles para encontrar la entrada a la mansión pero se topó con un gran barranco selvático, con una vista espectacular del amanecer húmedo del bosque. Volvió sobre sus pasos y entró en el auto, se sentía estresado y ya no quería saber más nada de la dichosa fiesta “Me largo a mi casa” pensó, sin siquiera acordarse de sus amigos.

Conocido por ser un hombre de la noche ante la mirada agria de sus vecinos llegó el averiado coche de Juan al barrio y luego fue comentario cuando lo vieron bajar embarrado de pies a cabeza, ese muchacho siempre tan radiante e impecable parece que tuvo una noche espantosa para el goce de los que vivían cerca de él. Entró a su casa con la adorable cajita en sus manos, puso la mariposa en un frasco más grande junto con una flor y se tomó un baño de relajante agua caliente, luego se recostó en su cama pensando que podía hacer para revertir esta increíble situación adversa, empezó a sentir el cuerpo cada vez más pesado “no debo dormirme, no tengo tiempo para descansar” pensó y a grandes esfuerzos se levantó para prepararse un café, después revolvió de punta a punta su hogar en busca de números telefónicos “tengo más de cuatrocientos, con alguna se me tiene que dar” se dijo y luego de anotarlos en un papel comenzó a discar. Se sentía extremadamente acelerado, miró su taza de café con desconfianza “¿Le habré puesto mucha azúcar y mucho café?” pensó, luego lo olvidó cuando fue atendido su llamado.

Continuará…

Días de Mariposa 4

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

-¡Milagro! –dijo Juan riendo.

-¿Ves? Ese es el poder de la primavera –dijo ella sonriendo también.

Luego de eso, se dirigieron a la pista y bailaron toda la noche felizmente; Martín, José y Leandro con sus respectivas doncellas, así como Juan con su nueva amiga.

A medida que pasaban las horas, en cada vuelta de baile veía que sus amigos estaban cada vez más cerca de sus damas, cada vez más encariñados, hasta que al fin, se fusionaron en besos y miradas dulces. “La chica que baila conmigo es más bella que las que consiguieron ellos” pensaba con un poco de envidia al ver que su presa no reaccionaba de la misma manera. Para no ser menos que sus amigos, la invitó a irse del lugar; a lo cual la chica asintió sin muchos reparos.

-Bueno, me voy, mis amigos –dijo Juan con un vanidoso gesto de victoria al caminar de la mano de Flor, como él la había bautizado.

La invitó a subir a su coche y arrancó. Debían cruzar un largo bosque para salir del club. Su pensamiento no era diferente al de otras noches, tan solo disfrutar de su presa para después huir y prepararse para la próxima víctima.

-¿Siempre haces esto?

-¿Hacer qué?

– Salir con chicas, aprovecharte de ellas y después dejarlas.

-No hago nada que ellas no quieran –respondió él, un poco molesto por su pregunta -¡Qué arboleda interminable! –dijo para tratar de cambiar de tema.

-Yo sé cuál es tu problema –dijo ella, y pisó sobre el pie de Juan fuertemente el acelerador -¡Te falta corazón!

Los ojos de la muchacha se volvieron de un rojo furioso y sus labios se tornaron verdes como el musgo, su pelo negro se fue tiñendo de gris, como un árbol alcanzado por un rayo; mientras que su vestido se iba tiñendo de negro, lo que antes formaba su estampado se  desplazó hacia su mano, transformándose en una llamativa mariposa.

Juan, aterrado, maniobraba el vehículo a gran velocidad, tratando de no desbarrancar mientras la chica apretaba a la mariposa contra su pecho furiosamente.

-Este será tu corazón: una mariposa. Así como esta mariposa, vivirá sólo 10 días para encontrar el amor. Y si no lo cuidas, morirás antes -le dijo ella sin inmutarse por la situación.

Las luces del automóvil evidenciaron un árbol en la oscura noche del bosque. Luego, un fuerte golpe y todo quedó en penumbras…

continuará…

Días de Mariposa 3

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

Noche de ninfas

Los jóvenes rápidamente se mezclaron con la gente del lugar, nadie siquiera los miraba para preguntarse por qué eran los únicos de vestimenta informal, y esto relajo en gran manera a los muchachos, que aprovecharon para servirse varios tragos. Juan empezó a hacer lo suyo, a observar como si fuera un águila en busca de una presa; sus amigos eran su amuleto para conseguir chicas pero hasta ese punto únicamente, ya que aunque salían todos juntos nunca volvían de la misma manera; mientras José, Martín y Leandro terminaban envueltos en una melancólica borrachera, el pasaba junto a ellos seguro acompañado de una bella señorita.

 Como era de costumbre, mientras José, Martín y Leandro se gastaban bromas entre sí, Juan hacia uso de su belleza y galantería para conquistar. Así fue que divisó a una hermosa señorita de vistoso y colorido atuendo, llevaba en sus ojos el verde de las hojas, en su cabello la oscuridad de la noche y labios rojos como una frutilla a pleno, “wow una diosa de la primavera” pensó; y con dos tragos en  las manos se dirigió hacia ella, hacia la conquista, sin intimidarse siquiera por el contraste de su vestir, ella tan elegante y él tan informal, pero no por eso menos apuesto.

Desde atrás, sus amigos lo veían avanzar, con su chistoso pero efectivo andar, en busca de su objetivo.

-¡Otra vez este! sí que no pierde el tiempo –dijo Leandro despertando la carcajada de sus ya tambaleantes compañeros.

-¿Gustas un trago? –preguntó él con arrogante sonrisa.

Las personas que rodeaban a la mujer miraron con cierto recelo al joven, pero cuando esta se mostró dispuesta a contestarle se alejaron sin decir nada.

-Sí… si –dijo ella tras observar al atlético muchacho.

-¿Cómo te llamas? -preguntó Juan.

-No tengo nombre –respondió ella.

-¡Ah! ¿No tienes nombre? Entonces yo te pondré uno. ¿Qué te parece… Flor?

-¿Aquellos son tus amigos? –preguntó la chica sin responder a Juan.

-Ehh… sí, son mis amigos…

-¿Siempre avanzas a las mujeres y los abandonas? –le dijo clavándole la mirada.

-Ehh… -quedó pensando Juan un poco sorprendido –es que no tienen mucha suerte con las chicas –respondió al fin.

-Esta noche verás que las cosas serán diferentes.

Para su sorpresa, unos minutos después, vio que Martín, José y Leandro se encontraban en la pista bailando alegremente con unas sonrientes jóvenes.

continuará…

Días de Mariposa 2

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

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Leandro se levantó y, a duras penas después de estirar las piernas, junto con José ayudaron a Martin a ponerse en pie, luego se podría decir que lo tiraron en el asiento de atrás donde también se sentó Leandro, mientras José fue al asiento del acompañante del conductor, entonces Juan al ver que ya estaban todos dentro del auto puso primera para después alejarse rápidamente de la ciudad.

-Espero que no me vomite- dijo Leandro mientras veía a Martin roncar y se desprendía el primer botón de su camisa roja de seda para darse un poco de aire- por cierto ¿Dónde es la fiesta?

-Es en una quinta a unos 20 kilómetros de la ciudad, cerca del río, acá tengo el folleto con el mapa- dijo José y sacó un papel de su bolsillo.

-A ver- dijo Juan luego de sacarle el papel de la mano a José y después le habló con cierta desconfianza- pero ¿Cómo sabes que no es un engaño? Por ahí llegamos allá y nos roban todo lo que tenemos.

-No, una mujer tan hermosa no hubiese tenido este folleto- respondió José mientras prendía un cigarrillo- vi a esa bella mujer salir de la casa del niño rico de la calle 52 mientras yo repartía el correo, salió apurada y antes de subirse a un auto deportivo de color negro se le cayó este papel. Pensé en hacerle señas para devolvérselo pero me pareció que era un simple folleto con alguna publicidad, luego lo leí y aquí estamos.

-Hey- dijo Juan apuntándole con el dedo a José- cuidado con las cenizas. No quiero que me dañes el auto.

-¡Ese niño rico si que sabe de fiestas raras!- dijo Leandro mientras empujaba al durmiente Martin- aunque la verdad no es una persona con la que me juntara.

-La verdad tu no te juntas con nadie- dijo Juan tras salir de la ruta asfaltada y meterse en un oscuro camino de tierra- apenas nosotros te aguantamos, amigo.

El camino estaba rodeado de árboles y las luces del auto alumbraban a los bichitos voladores que se cruzaban delante, todo era silencio y  no parecía que hubiese una fiesta en kilómetros, Juan comenzó a impacientarse  hasta que  los arboles del camino comenzaron a verse arqueados mientras avanzaban y las hojas de estos tapaban la visión de lo que tenían adelante. Tras pasar ese camino de repente se escuchó la música de una fiesta y, delante de ellos, se dejaba ver una gran casa quinta, con el portón abierto sin nadie que vigilara los autos que ingresaban.

-Menos mal, sino eras hombre muerto- le dijo Juan a José mientras estacionaba el auto- Lea despierta a Martin.

Leandro, haciendo caso del pedido de Juan, le propinó un golpe en la cabeza a Martin que le hizo reaccionar al instante y este confundido reaccionó de manera violenta.

-¡Para, tranquilizante!- le decía Leandro- Soy yo Lea.

Martin volvió en sí y sonrió, luego de soltar el cuello de su acompañante bajó del auto y estiró los músculos.

-Nos vas a dejar mal parados a todos- le dijo José a Martin.

-Si, al menos espera por lo menos que disfrutemos de esta noche. Por cierto- dijo Leandro analizando el lugar- ¿Entramos a la casa así sin más? Ni siquiera estábamos invitados.

Por las ventanas de la gran casa quinta se podía ver a mucha gente en un ambiente de fiesta, algunas sentadas y charlando, otras tomando un trago y otras bailando; pero todas las personas tenían algo en común, todas ellas rebosaban de una elegancia que hacía notar su elevada posición económica, casi se podría decir que estaban vestidos como si fueran de otra época.

-Me parece que mejor nos volvemos- dijo José al mirar su desgastado jean.

-Ya estamos aquí- dijo el gordo Martin, y antes que sus amigos reaccionarán abrió la puerta de la casa quinta como si fuera la puerta de su pequeño departamento.

Tras esta había una sala con elegantes muebles antiguos y un pasillo que conectaba con un jardín trasero, en donde se encontraba el tumulto de personas bailando y bebiendo; ya estaban en la fiesta, ya nadie los podía sacar.

continuará…

Días de Mariposa 1

«Días de Mariposa» es una novela corta en la que estuve trabajando hace ya un tiempo, la voy a publicar en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:


Día 
de Oruga

-¡Vamos mi amigo, te espero ahí!- decía por teléfono mientras caminaba de un lado a otro- pero no me falles, bueno, bueno ya, listo, nos vemos.

juan colgó el teléfono y se preparó para la noche, tomó del ropero una camisa de un equipo de rugby que apenas conocía pero marcaba sus brazos trabajados en el gimnasio y también tomó un Jean nuevo pero gastado que ayudaba a disimular sus piernas delgadas, producto del pecado de los que acostumbran mostrarse más que de hacer caso a su entrenador personal;  mientras miraba sus ojos  azules en el espejo peinó su rubio cabello hacia un costado y luego salió en busca sus amigos.

Al pasar con su auto por una esquina vio a un joven delgado y alto de abundante cabello ondulado, de esos que parecen un peinado afro pero en realidad no lo son.

-¡Eh, pelo de lana!- le gritó Juan.

-¿Y los muchachos?- preguntó el joven al acercarse.

-¿Qué no estaban contigo? Bueno, sube Jose, ya me imagino donde estarán.

Era una noche calurosa en la ciudad, había mucha gente paseando en familia, otros junto a sus mascotas por las veredas del lugar, en un ambiente muy agradable; excepto en una ubicación oscura, en donde las personas que paseaban preferían cruzar la calle para no ser molestados, un pequeño bar con unas sillas y mesas afuera, en donde los hombres se juntaban para llenar aquellas pequeñas mesas con grandes cantidades de botellas de cerveza recién consumidas.

Juan estacionó su auto en la vereda del frente y junto con José fueron al bar, allí acercaron dos sillas a una mesa donde se encontraban dos sujetos muy alcoholizados, uno a punto de dormirse.

            -Hola Martin, vamos que no te puedes rendir, aun- le dijo Juan sacudiéndole el brazo para que se despertara, el hombre apenas abría los ojos para mirarlo y después los cerraba.

            -¡Este idiota no sabe beber!- decía su acompañante riendo mientras se servía un vaso de cerveza- vas a tener que llevarlo a su casa.

-No, imposible Leandro- respondió Juan secamente- hoy es la fiesta de la primavera y el es uno de mis amuletos de la suerte.

-Pero no puede con su propia alma- dijo José.

-Donde hay fiesta voy- respondió balbuceando Martin, reaccionando ante la advertencia de perderse la gran fiesta de la temporada.

-Ya lo escuchaste- dijo Juan riendo- ahora ayúdenme a subirlo al auto.

continuará…