El Artista y su piedra

Ahí estaba el artista, con su martillo y su cincel, golpeando sin parar esa horrible piedra sin forma.

Temprano en la mañana se levantaba para hacer su trabajo, llevaba esa gran piedra a la plaza del pueblo, acercaba su banqueta y encorvando su espalda hincaba el cincel en un costado, después en otro, ante la mirada de los expectantes transeúntes.

Así pasaban los días para el artista y la piedra parecía igual a que cuando empezó.

-¡Cuanta perseverancia!- decía uno de la muchedumbre.

-¡De seguro será una gran obra!- decía otro.

Cuando entrada la noche el hombre llevaba la horrible piedra a su casa, para seguir haciendo lo mismo al día siguiente.

Una vez un hombre se acercó al artista y le pidió que deje esa horrible piedra para hacer un trabajo para él, tendría buena paga y no tendría que exponerse todo el tiempo en la plaza, solicitud que este no aceptó; en verdad estaba muy empecinado en su labor.

Luego hubo unos días que el artista no apareció por la plaza, cosa que de todas maneras nadie notó, la gente siguió con sus vidas sin importarle en lo mas mínimo que era de aquel sujeto. Hasta que un día volvió a aparecer con su horrible piedra sin forma, su banqueta, su martillo y su cincel; con el aspecto muy deteriorado.

-Ahora me acuerdo de este sujeto- dijo una persona que lo vio.

-Si, es el que le da golpecitos todo el día a una piedra- recordó otro.

-Así es, es que si no lo ves ni sabes quien es- le respondió el primero.

El artista, al parecer enfermo, dio unos golpes mas a su horrible piedra, y ya sin fuerzas, dejó de respirar, cayendo sobre su obra, una obra que no pudo terminar y que era difícil de entender el significado.

-¡Cuanta dignidad!- dijo uno que lo vio perecer- siempre digo que cuando haces lo que amas en la vida no lo cambias por nada. Si, asi es, ¡La dignidad no se vende!

-Y, la dignidad no se vende- le respondió otro de los transeúntes luego agregó con ironía- Pero esa horrible piedra sin gracia igual nadie te la compra.

FIN

La bella sinfonía de los truenos de los mil años

Los guardianes de las inmensas puertas de oro adornadas con cristales se hicieron señas tras ver la impaciencia de los presentes, entonces se dispusieron a tirar las cadenas que abrirían dichas puertas, el gran teatro daba la bienvenida a los millares de seres que desde hace años esperaban el recital con ilusión. Todos conocían el gran talento del compositor, este era en verdad el mejor de la historia de los que se animaron a hacer música hasta el momento, tal era el caso que el reino entero se había puesto de fiesta para la ocasión.

  Desde el más pequeño de los seres hasta los más grandes tomaron sus lugares respetando sus tamaños y sus capacidades para percibir el espectáculo, hablando entre sí de que con que los sorprendería el director de la obra esta vez, se podía ver las filas interminables de asientos; tal era su cantidad, que las filas se perdían a lo lejos y solo se podría ver al último con los ojos especiales que solo le eran otorgados a pocos seres y justamente estos eran los que ocupaban los lugares más alejados. También se encontraban situadas en lugares especiales las cuatro bestias colosales, que ubicados arriba debido a su gran tamaño, observaban junto a todos los seres voladores el lujoso escenario diseñado especialmente por el organizador del evento. De un lado los seres del agua y los de las profundidades del agua, del otro los seres de fuego y los de las profundidades del fuego; conversando entre sí, convirtiendo el sonido del ambiente en vientos armoniosos; no tenían contiendas entre ellos ya que el amor y la amistad los unían. Los pequeños juntos en millares en lugares pequeños como así los enormes que a su vez tenían seres más pequeños sobre sí esperaban con gran curiosidad, hablando, riendo, señalando las características únicas del lugar y con gran admiración, que se dé comienzo el show….

Extracto del cuento «La bella sinfonía de los truenos de los mil años» el cual pertenece exclusivamente al compilado de cuentos llamado «Cuentos fuera del tiempo»

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Poema del despedido

Su grito fue tan fuerte que perdió la voz

Aun así nadie lo escuchó

Era el grito del que no tiene habla

Que en el silencio encuentra la calma

Después de contar lo que nunca contó.

¿Cuanto puede aguantar un afligido corazón?

La mentira, la soberbia y el sin razón

¿Cuanto uno puede masticar la bronca?

hasta que los dientes se rompan

Al ver la injusticia en su máxima expresión.

¿y cual es? ¿De que va?

si todo está mal.

¿Cual es la diferencia

que atormenta a tu conciencia?

Si igual te van a culpar.

Cuando mucho te haz esforzado

Y la sima haz acariciado

en los tiempos de paz

y cuando estos no van mas

Tu eres el hombre malvado.

Así son las cosas mi hermano

Así tratan al humano

cuando te quieren echar

te conviertes en el mal

de lo que otro a sumado.

Empoderar el alma es lo que queda

Ante el difícil problema

De quedar sin trabajo

Cuando le importó un carajo

Al que portó tu bandera.

Así voy terminando el poema

Gritandolo de todas maneras

Preguntando a Dios

¿Porqué no respondió?

A lo que mi alma revela.

Él no me defendió

Y no fue esperanzador

El que no me despidieran

Sucedió de todas maneras

La desdicha del trabajador.

FIN!!!

Marañas

Que maraña, encontrarse con uno mismo, y que la maraña te encuentre solo en tu casa, sentado, con el control en la mano, ingiriendo infodemia.

La maraña olía mi transpiración fria, ella venía colandose por las paredes, sabía de mi angustia y yo sabía que ella estaba ahí.

Mientras cambiaba de canal a canal ella despacito me tocaba el hombro, «aquí estoy» me susurraba al oído y yo hacía que no la veía, hasta que la confrontación era inevitable.

-¡Vete! ¡Déjame en paz! – le grité al darme vuelta – ¿quieres pelea? ¡Te la daré!

La maraña, se retrajo cual covarde es, y se fue alejando lentamente cuchicheando anda a saber que, hasta desaparecer.

Yo por mi parte, me puse el barbijo, tomé el control del televisor y seguí consumiendo mi deliciosa infodemia, hasta el próximo enfrentamiento con la maraña.

Fin.

Espero que les haya gustado el relato, tengo mucho por escribir y publicar, pero estos tiempos extraños hace que se me dificulte, además tengo que estar atento para enfrentarme a la maraña je je je.

Encoronados con virus

La vida del empresario hace que no puedas parar nunca, así que tomé mi portafolios y me dirigí rápidamente al aeropuerto; en el auto, mientras manejaba en silencio mi chófer, abrí mi notebook y comprobé el estado de las acciones de la empresa en la bolsa, no era una buena jornada, me mensajeé con colegas y todos estaban como yo, atentos a sus notebook y a sus celulares para ver como en una matriz gráfica obtenida a través de un programa, números de color rojo con comas se convertían en verdes y viceversa; me ardían un poco los ojos al mirar la pantalla, pero nada me detuvo en mi vida en mis mas de 30 años en el negocio, así que no le dí importancia.

-¿Y si invertimos acá o allá?- le decía por celular a un colega.

-Mejor vendemos acciones de acá y compramos esta de allá- me respondía mi colega.

Mientras tocaba mi frente caliente, calculo que por los nervios, el numero en el gráfico pasó de rojo a verde.

-¡Bien hecho!- festejamos los dos al unisono.

Finalmente llegamos al aeropuerto, estaba llamativamente vacio, «va no es mi problema» pensé y mientras caminaba apurado para subir a mi avión conversaba con otro colega por celular. ¡Necesitamos convertir mas números rojos en verdes!

En el check in dejé mis papeles en el mostrador, sin mirar, como de costumbre, ya que los empresarios como yo no tenemos tiempo para mirar a la gente, esperé el tiempo acostumbrado, dije las frases de memoria casi impecablemente porque la interrumpí un par de veces a causa de una pequeña tos pasajera, como siempre tomé mis cosas y sin dejar de hablar por teléfono subí a mi avión.

No tuve problemas para sentarme, ya que el avión estaba vacío, «parece que arribé muy temprano» pensé y al rato abrí mi notebook para ver como rendían nuestras acciones por ultima vez antes de desconectarla. Siempre aprovecho el viaje en avión para dormir un pequeño rato, cerré los ojos y sentí como el avión despegaba, luego de un momento los abrí y al mirar a los costados descubrí que en el avión nadie mas estaba conmigo; confundido me fregué los ojos y me acerqué a la ventanilla del avión, efectivamente, estábamos volando.

Creo que a causa de la situación tan anormal me agité un poco y me costó respirar, ya no soy tan joven, así que me tomé unos minutos para relajarme, hasta que finalmente el piloto del avión se digno a hablarle a los pasajeros, en este caso al único pasajero que era yo.

-«Señores pasajeros- se escuchó la voz tranquila y gruesa del piloto- queríamos informarle que, a causa del brote y expansión del nuevo virus, entramos en cuarentena».

«¿Cuarenena?» pensé yo mientras me costaba aun mas respirar.

-«Así es, cuarentena»- respondió a mi pensamiento- «estaremos los próximos 15 días suspendidos en el aire hasta cumplir con el protocolo de seguridad para evitar el contagio.»

Quise levantarme del asiento pero el cuerpo no me respondía. El piloto continuó.

-«Y por seguridad de los demás, los infectados no podrán levantarse de sus asientos.- «pero ¿Qué pasará con mis números rojos y verdes? ¿Quienes se preocuparan por mis pequeños numeritos por los próximos 15 días?» pensé preocupado, finalmente el piloto concluyo.

– » Que tengan todos ustedes un muy feliz viaje».

FIN!!!!

Espero que les haya gustado esta corta historia (aunque es un poco aterradora ¿No? jeje) Cuídense, lávense las manos y sigan los protocolos de seguridad para que estos tiempos solo pasen como una anécdota. Que tengan todos ustedes un buen fin de semana.

Poema a la niña

Caminando en la madrugada

Tras una noche, no tan calmada

Veo las silenciosas casas

En mi solitario caminar

Y después de tanto andar

Me pregunto ¿Podría entrar?

Ser una hormiga y no molestar

Dormir en el patio o en la cama

De la pequeña dama

Que tuvo que viajar…

No tengo a donde volver

Tal vez podría querer

La señora de la casa

Dejarme entrar y protegerme

No tendrá que quererme

Tampoco tendría que verme

O en sus brazos tenerme

Debo encontrar la calma

Sanarme un poco el alma

Y evitar para siempre perderme…

Ha pasado tanto tiempo

Lo veo en el espejo, no miento

Es ahora grande mi casa

He cambiado la sabana

De la cama, debajo de la ventana

Del cuarto que da a la entrada

Y he esperado esta mañana

Verme a mí misma andando en la calle

Pequeña niña, ya no desmayes

En este hogar podrás ser amada.

Fin!!!

Que tengan todos un excelente fin de semana

Hablando sobre «La Casa Tomada» de Julio Cortazar

Antes que nada, o todo, los invito a conocer la obra «La casa tomada» de Julio Cortazar, la pueden encontrar en todos lados y en todos los formatos, en librerías, en bibliotecas, audiolibros, y/o acá en la web escrito, en audio y en vídeo. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda; de abajo a arriba y de arriba a abajo.

Escribo esto porque tengo que decirle algo a Don Julio, es que dejó las ventanas abiertas y la casa se llenó de gente de todas clases, y están revisándolo todo y revolcando todo, uno le dice a otro «mirá, las estampillas» y el otro le responde «no me importa, vine a ver que comida hay en la cocina» otros revisan las lanas y los tejidos meticulosamente mientras otros miran los puntos de este sin entender nada, algunos quieren limpiar los muebles del polvo bonaerense y otros entran con los zapatos sucios a propósito, hay quienes se pelean por la pava del mate y otros que pelean por ver quien sebará, algunos quieren tomar el mate solo y otros lo quieren compartir.

¿Y las llaves de la puerta principal? Que importa, se habrán oxidado en el olvido. ¿Y los 15.000 pesos? Que importa, el tema no es la plata (o tal vez sí). ¿Y los libros de la biblioteca? No sé si alguien los leyó.

Le preguntaría ¿Que quisiste decir con toda esa maraña?

Tal vez me respondería «Fue algo que soñé, tal vez mio, tal vez heredado de otro tiempo, viste como esas ideas de Jung.»

Y yo le diría «Yo soy de los que entró en la casa y esta revisando que hay que comer en la cocina.»

Él capaz me dijera «Y no sé, vos escuchás lo que querés escuchar y entendés lo que querés entender.»

Tal vez me diría «dejenme ya de joder con «La casa tomada» lo que escribí, en su tiempo lo escribí, los que entraron y no pudieron salir, ¿Qué puedo hacer por ellos? Recordá también que una pareja de hermanos quedó afuera, no es solo los que están adentro el tema.»

Yo tampoco sé que es con certersa, lo único que puedo decir, es que despues de mas de 70 años de publicado el cuento, la casa se sigue tomando.

FIN.

Los niños del futuro 14 Final

«Los niños del Futuro» es una historia que escribí en mi adolescencia y que años después la mejoré para que su lectura sea más agradable. El jugador de todos…

Lo estuve publicando en pequeñas partes todos los martes a las 18hs hora Argentina, 23hs hora de España, 17hs Miami.

Espero que la disfruten:

Fin de la temporada

La mujer recordó el sueño que había tenido la noche anterior, aquel en que su barquito se alejaba de ella, entonces su corazón se estremeció y alertada por un  mal presentimiento comenzó a llamar a los gritos a su hijo.

-¡¿Leonel?! ¡Leonel, hijo ¿Dónde estás?!- decía la mujer mientras recorría el barrio.

Los gritos alertaron a Carlitos, que recordó la promesa que se habían hecho y se acercó a la madre de su amigo.

-Voy a ir a buscarlo- le dijo al oírla tan desesperada y se dirigió hacia su escondite que estaba en el baldío.

Carlitos vio el camino de sangre que entraba al lugar y terminaba en donde estaba la heladera tirada “¿Qué es esto?” pensó y corrió hacia allí, saltó sobre ella y encontró a la Pulga acostado adentro.

-¿No pulga que hiciste?- le dijo Carlitos con lágrimas en los ojos.

El niño muy débil tomó su mano para darle unos pesos y algunas monedas manchadas con su sangre que era todo lo que tenía la joven maestra en su cartera.

-Tomá dale esto a mi mamá- le dijo la pulga soltándole suavemente la mano- y decíle si esta noche podemos comer un bifecito de carne.

Después de esto la Pulga dejó salir de su boca su último aliento.

La mujer muy preocupada esperaba para tener respuestas de su hijo en su casa y tratando de calmarse un poco encendió el televisor, en donde el periodista presentaba las noticias:

“Otro caso de violencia en la ciudad, un policía muerto tras el robo a una maestra, estamos en vivo en el lugar en donde se encuentran los familiares, vamos directo al móvil.”

En aquel móvil se encontraba la esposa del policía asesinado que, motivada por su gran angustia, clamaba sollozando por justicia.

“Esto no debe quedar así” decía la mujer mientras se agarraba la cabeza “¡Quien mató a mi marido debería ir preso y podrirse en la cárcel! ¡Podrirse en la cárcel!”

  En ese momento entró en la casa de la señora Carlitos llorando y en sus brazos traía el cuerpo de su pequeño amigo sin vida.

-¡No! ¡Mi bebé no!- en un desgarrador grito que hizo que todos los vecinos se acercaran al lugar exclamó la mujer. Luego abrazó con fuerza el cuerpito de su niño que ya descansaba en los brazos del eterno.

Ante todo esto el televisor, aquel compañero frio e indiferente que acompaña los días de nuestras vidas,  seguía encendido y continuaba dando las noticias:

“Por otra parte, acaba de asumir el nuevo flamante ministro de economía, el que nos sacará de esta difícil situación” muy elegante, en un estrado reluciente, aquel hombre calvo de baja estatura, daba su discurso.

“No podemos dejar de hacer frente a nuestras responsabilidades” con énfasis decía aquel hombre, apretando el puño y frunciendo el ceño muy convencido de que su opción era el único e infalible camino “estamos obligados a recortar los sueldos y subir los impuestos para así ajustar la economía y poder pagar nuestras deudas con el exterior.”

La temporada ha terminado.

Feliz año nuevo (cuento)

-3!

-2!

-1!

-¡Feliz año nuevo!

En un mismo grito la familia y los amigos se unieron, descorcharon la bebidas y se sirvieron en copas para brindar; se fundieron en abrazos y se desearon que el que comienza sea un gran año.

-Ojala siempre fuera año nuevo- dijo el más anciano de la familia, y como si fuera un deseo a cumplir, su pedido llegó al medio del sol.

El ángel de fuego que se encargaba del paso de los días desde hace millones de años, en un gesto de rebeldía pensó «¿Porqué no?», así fue que decidió parar la maquinaria del sistema solar, y otorgarle a ese anciano su «año nuevo para siempre».

Entonces todos los planetas se detuvieron, la tierra y su luna también, dejando que las fuerzas titánicas de las leyes del espacio hagan su trabajo.

-¡Papá, mamá! ¿Que es eso?- preguntó uno de los niños que estaban en la cena señalando el cielo en el horizonte.

Eran miles de litros de agua que habían sido expulsados de los mares a causa de la malvada travesura del ángel. Justo cuando la madre abrazó a su niño ellos también fueron expulsados de la tierra, y en un pequeño instante estuvieron flotando en el cielo junto a miles de personas y animales que en tan solo segundos se congelaron hasta quedar como adornos volando alrededor de la tierra. 

-¡Que belleza!- exclamó el ángel mientras observaba los adornos blancos que se alejaban hacía los confines del espacio y también los adornos de color de fuego que eran atraídos hacia nuestra estrella.

El anciano que pidió el deseo quedó unos instantes aterrado por todo lo que había visto, después se dio cuenta que en la tierra solo había quedado él, su silla, la mesa con un vino espumante y otra silla vacía, luego al mirar al desértico horizonte apenas alumbrado por las estrellas de las lejanías, vio acercarse una figura humana del color de las brazas que, poco a poco, se transformó en un pálido hombre de traje blanco, con los ojos y el pelo brillante como llamas en su máxima fuerza.

El extraño sujeto se sentó, descorchó el vino, sirvió una copa para sí y otra para el anciano; el viejo lo miró sin reacción.

-Dale ¿No me vas a dejar brindando solo?- le dijo el extraño sujeto acercándole una copa, entonces, aunque temeroso, el anciano terminó por compartir con él la bebida.

-Este es el año nuevo más hermoso que he visto- dijo el extraño hombre, mientras cruzaba las piernas meneando una de ellas lentamente y ponía uno de sus brazos por el respaldo de la silla-¿Te gusta el año nuevo eterno que querías?

-Yo, yo solo decía, así como porque estaba disfrutando el lindo momento, nada más.- le respondió el anciano con un poco de miedo.

El hombre de los ojos y cabellos de fuego comenzó a reírse de manera alocada, mientras una de sus manos sujetaba sus costillas para dejar de reír y la otra descansaba en el hombro del abuelo.

-No te hagás tanto problema- le decía con los ojos entrecerrados por la risa- solo disfrútalo.

-¿Y esto durará para siempre?- preguntó el anciano.

El extraño hombre miró al cielo y dejó de sonreír, su cara cambió completamente dejando ver su gran disgusto; es que desde el centro de la galaxia venía un ejercito de ángeles a hacerle pagar por su rebeldía.

-Y, el para siempre es relativo mi amigo; un día, miles de días, millones de años, la verdad que son iguales; a excepción de este claro- le sirvió un poco más de vino a su acompañante- disfrútalo mientras dure tu deseo mi amigo que este es un nuevo comienzo.

Los ángeles aterrizaron y fueron acercándose hacía ellos cuando el vino se terminaba. Finalmente el ángel del sol concluyó su charla.

-Parece que ya no voy a poder seguir cumpliendo tu deseo del año nuevo eterno mi amigo, es que por mas que te esfuerces, las leyes del universo son inquebrantables.

FIN

FELIZ AÑO NUEVO ETERNO PARA TODOS JAJAJA.